LA MANO IZQUIERDA DE ORULA O EL LADO TRAVESTI DE SHANGO

Por Capitalismo Budista

A Judy Monroy su papa Shango la llama hijo, de hecho a ella le gusta que la trate como a un varón. “Con las mujeres es más suave, conmigo es más basto, más brusco. Eso me encanta”. Pero a Judy no le interesa tomar testosterona ni quitarse los senos, ella disfruta actuando como Antoine Du Toulouse, su personaje drag King “…el hecho de hacer transformismo siendo candomblera me hace sentir orgullosa de mi papa Shango”.

Chanel Callejas tiene 43 años, es santera y devota de la santa muerte. Pero al contrario de Judy, solía tenerle miedo a Shango. “Yo entraba a cuarto de santos de mi madrina y le rezaba a todos y a Shango le hacía con la manito como de hola y chao, le tenía pánico porque yo decía: marica, yo una trans, este man es un macho y que miedo”.

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Estatua alusiva al orisha Shango – imagen tomada del sitio web  http://botanicaeltrebol.ecrater.co.uk/

En la tradición Yoruba, el orisha Shangó es el macho por excelencia, el dios del  rayo y el volcán, pero curiosamente un patakí (historia) cuenta que en alguna ocasión se vistió de mujer por temor a Oggún, otro orisha. Fue por eso que un día en una misa espiritual a Chanel su madrina Victoria le dijo: “Chanda, padre Shango te manda decir que no le tengas miedo”. Entonces le contó la historia de Orula, que narra como él, perseguido por sus enemigos fue arrojado medio muerto a un río, y luego de sujetarse a un tronco fue salvado por un grupo de adodis (homosexuales), quienes lo llevaron a una isla donde lo curaron. En virtud de su agradecimiento, decidió darles su ilde (manilla) para protegerlos de la muerte. “Por eso los homosexuales somos aceptados y por eso existimos tanta comunidad LGBT dentro de la santería, sobre todo transgenero. Porque es una de las religiones donde no se nos discrimina nuestra identidad de género”.

Sus historias no suceden en Río de Janeiro o La Habana. Su piel no las hace descendientes de la diáspora Africana en América. Viven en Bogotá y la mayoría fueron bautizadas con agua en una Iglesia Católica, sin embargo, en algún momento de sus vidas descubrieron que la identidad que se habían construido para sí mismas no tenía cabida en la fe de sus padres. Aun así, hoy se declaran orgullosas hijas de los orishas que veneran fervientemente todos los días, de la misma manera que sus abuelas les rezaban novenas y rosarios a la virgen y los santos.

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Manilla tradicional con la cual se consagra al creyente al orisha Orunmila – Imagen tomada del portal web http://www.tarotperu.com/

TOTOYA

Aunque su tránsito de género comenzó hace 9 años, Jessica Victoria Useche, mejor conocida en el mundo artístico como Totoya, no se imaginó que algún día se haría santera a pesar de que muchos conocidos ya lo eran. “Era algo que siempre me había causado curiosidad por que no era 1, 2 ni 3 las personas de mi ámbito social y familiar que estaban involucradas en ese tipo de prácticas. Había escuchado muchos comentarios de lo que pasaba y lo que no pasaba”. Pero en ese momento ella era respetuosa de su tradición católica, había sido bautizada y confirmada, y eso implicaba compromiso. Y aunque intentó acercarse a la espiritualidad desde el catolicismo, había algo que no encajaba, “yo no quería estar en la parte paria de una iglesia en la cual hay una cantidad de cosas que están consideradas como falta, como pecado, como prohibido, en ese aspecto no me sentía muy cómoda”.

Hace 5 años, Jessica quiso mudarse de apartamento y necesitaba unos documentos que le exigía la empresa de finca raíz, ella no los tenía y la única salida era pagar unas pólizas para las cuales no poseía el dinero. Sus amigos un día la invitaron a una misa espiritual diciéndole, “mientras espera a que la llamen y salgan esos papeles, camine vamos”. Ella no sabía que tenía que ir vestida de blanco porque no era su tradición, y ese día, ese detalle particular permitió que sucediera algo inesperado.

“Hubo un momento muy especial donde hay una invocación a espíritus que ya no tienen un cuerpo material y que hacen uso de otra materia, o sea de un caballo (médium), para hablar y expresar sus mensajes. El espíritu que estaba en ese momento ahí, se llamaba Francisca, pedía la presencia de la niña blanca”. Uno a uno pasaron ante el espíritu, y a todos les decía: no, usted no es. Y Francisca empezó a molestarse, amenazaba con no decir más, no se iría hasta que no apareciera la persona requerida. “Alguien dijo: Que pasen los que faltan a ver qué pasa. Cuando me dijeron a mí, fui como escéptica, no tengo nada que ver en esto, no estoy vestida de blanco entonces pasemos a ver qué pasa”. Y entonces sucedió, el espíritu le dijo a Jessica, “sí, es usted, porque es una persona blanca de corazón, usted es muy inocente, no siente dolores, rencores, tiene mucho amor para dar y eso la ha hecho ser víctima de muchas cosas”.

Jessica describe ese momento como revelador, tenía razones de peso para saber que todo aquello no había sido un montaje, nadie la conocía de esa manera tan profunda, ni siquiera los presentes en aquella misa. Inesperadamente, el espíritu sabía que ella tenía problemas con su casa, le dijo que esos papeles aparecerían, que todo tendría solución. Cosa que efectivamente sucedió días después. Había entrado en lo que se llama espiritismo cruzado cubano. Una mezcla sincrética de teorías espiritistas y diversas prácticas religiosas afrocubanas.

“Encontrar una respuesta inmediata a una situación tangible del mundo humano desde lo espiritual, me pareció algo que te cambia la visión… no me están diciendo ten fe, ten esperanza que… no, aquí me están diciendo tal problema se va a solucionar de tal manera, tiene que hacer tal y tal cosa, y así tal cual lo hice con toda la fe, impuesta por el dogma de la necesidad… yo si sentí el toque especial de ese espíritu que me hablo en ese momento”.

JUDY

Judy Monroy cumplió durante buena parte de su vida con el libreto católico. Ama de casa, casada y con dos hijos. Pero a esa vida no le quedaba mucho tiempo. Un día en Chapinero mientras visitaba un hogar geriátrico para su tía abuela, se encontró con algo que le hizo clic la cabeza, “Sale un hombre cubano vestido de blanco y veo que al fondo de ese hogar geriátrico hay una estatua de Babalu Aye (San Lázaro) con cinco vasos llenos de agua y un polvo blanco. Empiezo a observar al tipo, tiene muchos collares. Y yo ¿esta vaina que es?”.

Con cada visita de Judy, ese clic se convirtió en preguntas insistentes al dueño de aquel lugar. “Le digo: ¿eso de que se trata? Y él no me quiere contar”. Pero un día, al calor de unos rones él finalmente le habla de sus experiencias con la religión afrocubana de la santería, a lo que ella, sin dudarlo un instante responde “yo quiero vivir eso, a mí la católica no me llena”.

¿Qué es todo esto? ¿Por qué me está gustando? Eran las preguntas que se hacía Judy cuando llego a una casa de santero en Prado Veraniego. Un hombre joven con varios niños sentados en una estera comían ponqué sin cubiertos, acto seguido los pequeños se limpiaban las manos en las ropas de aquel hombre para luego comer arroz con pollo. Como lo había hecho en el hogar geriátrico, Judy solo atinó a decirle al padrino, “yo quiero entrar en esto”.

En la ceremonia de iniciación la hicieron vestirse totalmente de blanco, y mataron un pollo sobre su cabeza. La sangre caliente que le escurría volvía a sugerirle la pregunta, “¿en dónde me estoy metiendo?”. Esa incertidumbre pareció profética, porque al poco tiempo el padrino Orlando que la había iniciado fue asesinado en su consultorio con dos tiros de un arma con silenciador por unos supuestos recomendados. Y para colmo, meses después fallecía su mama. “Todo el mundo se pierde como si hubieran echado un pedo de bruja” cuenta Judy, “entonces yo quede volando en la santería”.

Había pasado un año y Judy buscaba volver a la santería luego de separarse de su esposo. Pero la vida ya no le iba tan bien como antes. “Una cadena de cosas y acontecimientos malucos en los que luego de estar con plata ahora me encuentro subiéndome en una buseta por 500 pesos y amando a una vieja”. Entonces Judy conoce a un nuevo padrino, Pedro, al que había contactado por una página web sobre santería. Sin embargo, su relación con la religión yoruba estaba lejos de mejorar. “El tipo no está pendiente de mí, yo siento como un leve rechazo… me atiende pero dice: ojo porque en la santería no aceptamos los homosexuales”, Judy sentía que no encajaba del todo, “hay fiestas pero a mí no me invitan porque yo soy como el moco”. La razón de todo ello tenía un nombre, su ex novia Jazmín. “Voy donde el padrino y el me empieza a decir que los santos están bravos conmigo que porque yo no seguí con mi primer pareja, entonces yo decía ¿cómo hijueputas los santos van a decir que tengo que seguir con alguien que yo no amo? ¿Entonces a mí me está yendo en la inmunda porque no amo a Jazmín? Entonces me da mal genio y no regreso”.

Tiempo antes de terminar con Jazmín, Judy conoció a Juan Manuel, en ese entonces un santero. Habían ido a su casa un par de veces y las había bañado con sal marina, “pero después no volvimos porque al tipo le cayó mal Jazmín”. El hecho es que Judy ya no sentía el ánimo de continuar con la santería, pero pasado el tiempo, un conocido la puso en contacto con un tal Juan Manuel, Judy pregunto, ¿el santero?, “ese no es santero, es candomblero”, le dijeron.

La relación con Jazmín había terminado y ahora Judy salía con Angie. Cuando se volvió a ver con Juan Manuel, él ya se había pasado al candomble. Entonces le conto que a causa de su ex pareja no se había podido dar un vínculo religioso, además, Angie si le simpatizaba.

Finalmente, Judy es invitada a su primera fiesta de orishas, a la cual debía ir vestida de blanco, “empezamos a ir a las fiestas, y yo quedo encantada y perpleja porque no había visto como bajaba un orisha. Si había visto que se había entrado un espíritu al padrino de la santería pero era solo el padrino, y bailaba como loco, pero yo no había visto que cambiara el cuerpo de ese personaje, que oliera a otra cosa… y yo dije: esto es lo mío”. Y no era para menos, al contrario de la santería, según cuenta Judy, en el candomble no existen restricciones para lesbianas y homosexuales. El pai (padrino) era gay, y para alegría de ella, no tenía que usar esa prenda que tanto le incomodaba, la falda.

Cuando pasaron las fiestas, deciden iniciarse en el candomble. A Angie le dicen que es hija del señor Oshala y la señora Obba. Judy termina siendo hija del señor Shango y la señora Yemaya. Pero en esos días no se inmolaban animales sino que comían morcilla por aquello de la sangre; “con la rellena no puedo pero me la embutía”, decía Judy. “Luego hubo un cambio y dijeron que arepa de maíz amarillo y al día de hoy se debe inmolar un pollo”.

Una inmolación para Judy, sería si su fe le quitara el transformismo que tanto ama, como cuando se asustó porque dos hombres que practicaban transformismo siendo candombleros tuvieron que dejarlo por orden de los orishas. Afortunadamente para ella esto no fue así, de lo contrario no luciría orgullosa sus coloridos collares en cada show, donde actúa canciones de hombre. Pero la última de su repertorio siempre es de mujeres. En ese momento se quita la camisa dejando el descubierto sus senos fajados, y luego se retira la barba postiza con la mano. “Me gusta que la gente diga: ¡Uy severo man! ¡Ay jueputa era una vieja!… el candomble me ha dado esa alegría, porque mi papa Shango siendo quien es, me ha dado el honor de sentirme como su hijo así yo no quiera cambiarme de sexo”.

CHANEL

Después de haber ganado más de 20 coronas en reinados transformistas durante 12 años, la última que Chanel se ganó fue reina de reinas, luego comenzó a trabajar como presentadora de reinados. Recibía premios por doquier, vivía en un cuento de hadas. “Estaba en un mundo en que creía que de verdad era la chimba y que era la reina de verdad. Yo llegaba y me creía el cuento de las cámaras, las luces, todo ese mundo que te alimenta el ego y realmente no te aporta nada a la vida”.

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Chanel en su casa portando una de sus coronas. Imagen cortesía de Chanel Callejas.

Pero como si fuera una deuda por pagar, la cuenta de cobro a tanta vanidad tenía que llegar. Era el año 2010 y un diagnóstico médico amenazaba la vida de Chanel. Había heredado la enfermedad de su papa, lupus eritematoso.

El pelo se le caía, su peso bajó hasta los 47 kilos, los médicos estaban a punto de desahuciarla y mientras tanto vivía en una hacienda de su familia en Santander. “Mi mama se gastó una fortuna. Me traían tratamientos de la China, de Noruega, del Japón. Me llevó a cuanto rezandero, mago, brujo, curandero que había aquí en Colombia, Centroamérica… en ningún lado me dieron resultado y que me moría y me moría…”. Su mama se había gastado más 120 millones de pesos en su tratamiento y aun así le pagaba misas y novenarios. Los médicos le habían dicho, “vaya rumbee, parrandee, fume, haga lo que quiera porque con usted no hay nada que hacer”. Se había negado a cualquier visita y mientras tanto escribía en un diario los pormenores más detallados de su funeral.

Un día en Vélez, Santander, su ex pareja John Bernardo lo llamó llorando, le habían diagnosticado cáncer en el dedo gordo de la mano derecha. Una tragedia para un peluquero caleño que ya no podría usar sus manos para trabajar. Pero el día que lo iban a operar, Chanel recibió una llamada, era John. “No, no me operaron, no me quitaron el dedo”, y Chanel con sorpresa pregunto, “¿Cómo así? ¿Qué paso?”. El dedo había cicatrizado, y el examen de patología hecho a la cascarita arrojó que ya no había cáncer. Pero Chanel no podía entender como había sucedido todo aquello.

John Bernardo había conocido en Cali a la madrina Carmen, una mujer santera que manejaba la tradición de la santa muerte mexicana. Se había entregado a ella mediante un pacto de vida. John le insistía a Chanel que viajara a Cali a recibir la santa muerte, pero ella respondía: “no, yo prefiero morirme pero no voy a perder mi norte”. En realidad, aquello le parecía un pacto con el de abajo.

Un día en su departamento en Bogotá, como última opción Chanel decidió hablarle a la muerte, “si usted existe lléveme a las plantas de sus pies”. Minutos después timbro a la puerta una astrologa conocida de Chanel, Yolanda. La hizo entrar y se sentaron a charlar en la sala mientras su mama estaba en la habitación. Como no quería pedirle más dinero a su mama, cuando Yolanda le pregunto ¿Qué quiere?, ella no lo dudo y le pidió los pasajes para ir a Cali, pero su mama estaba atenta a la conversación y rápidamente salió y le dijo, “mijo, yo le doy dos millones de pesos pa’ que se vaya”. Habían pasado 20 minutos desde que Chanel le había hablado a la muerte.

Haciendo un esfuerzo físico enorme, Chanel se decide a viajar a Cali para conocer a la madrina Carmen. En compañía de John llegaron a un segundo piso. “Me abre la puerta una mujer de cabello largo a la cintura, casi que de 50, una cola como de 112 con cadera, un busto como talla 40, instructora de aeróbicos, llena de tatuajes; una construcción femenina bastante rara, con muchas katrinas”.

Hablando con Carmen, Chanel noto que detrás del acento caleño había un dejo cubano, producto de sus viajes a Cuba para recibir orishas y santos. “No se preocupe papito que yo a usted no lo dejo morir así tenga que regalar 6 años de mi vida”, le dijo. “Esta vieja está loca ¿Qué es esto?”, pensó Chanel. Iban a ser las seis de la tarde cuando le abrió una terraza pequeña donde había dos jaulas con pericos australianos y unas ollas de barro llamadas kiyumbas. Chanel se sentó al lado de aquellas kiyumbas, pero inmediatamente Carmen le dijo, “no papito, quítese de ahí porque se lo chupa el muerto”.

Cuando Carmen saco 3 tabacos comenzó el ritual. “Yo la veía que ella hablaba al aire y con una jeringonza así como: no, ni pinga, no voy a dejar que te lo lleves”, intrigada, Chanel le pregunto con quien hablaba, a lo que Carmen respondió, “no, es que aquí está mi suegra que se acaba de morir y está diciendo que yo qué hago leyéndole el tabaco a un finado”.

El rancho en el que vivía Chanel en Santander tiene más de 100 años, una hacienda en la que vivieron sus bisabuelos, caracterizada por sus tres periodos arquitectónicos. Carmen comienza a describir el rancho con exactitud, y el escepticismo de Chanel empieza a resquebrajarse. “Me dice que dentro de la casa hay muchos baúles llenos de ropa de muertos, que yo tenía que quemar todo eso. Me dijo muchas cosas más y dijo: ¡ah!, y usted se va a curar…”.

Esa noche durmió sobre una estera por orden de Carmen, y al otro día se vistió con ropa blanca según recomendación de la madrina para ir a recibir. Una vez en casa de Carmen, se encontró con un palero cubano (un santero que se había rayado en palo en Cuba) quién le haría su kiyumba. Durante la ceremonia Chanel vomitaba, a lo cual le decía la madrina, “la madre lo está limpiando”. Cuando terminó, le entregaron su santa muerte y Carmen le dijo, “mijo, tiene que empezar a rezarle el rosario porque a los muertos se les reza el rosario, yo sé que usted va a venir dentro de poquito bien parado hablando perfecto y sin ningún problema ni vomitando ni desmayándose”.

Al otro día, viendo que ya no vomitaba como antes, comenzó a pensar que se estaba somatizando respecto a su curación, creía que la habían trabajado psicológicamente. Era su lado agnóstico de comunicador social el que la hacía dudar. 3 días más tarde volvió a Bogotá, sintiéndose mejor y decidida a seguir las instrucciones de Carmen.

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Chanel en su casa junto al altar personal donde se ubican sus santos, sus catrinas y las imágenes de la santa muerte. Imagen cortesía de Chanel Callejas.

Una gran llamarada se formó en la hacienda de Santander cuando Chanel quemo más de 6 baúles llenos de ropa vieja que había pertenecido a sus abuelos, tíos y bisabuelos. Su mama se escandalizó pensando, “por favor, sus tíos se van a enloquecer cuando encuentren que les quemaron todo”. Pero eso a Chanel no le importó. Tal y como le había dicho la madrina, junto a su mama y los empleados del rancho recorrió todo el lugar portando su santa muerte haciendo un sahumerio con hojas de laurel y cascaras de ajo. Y claro, rezo el prometido rosario.

Había pasado un mes durante el cual le había rezado todos los días, pero la santa no le hablaba, y Chanel le reprochaba su silencio. Pero una noche en que cayó en letargo, como si fuera un sueño, la vio a los pies de su cama. Una silueta oscura de más de dos metros. Vio una caverna, y una voz le dijo que caminara sin hablar con nadie, de lo contrario corría el riesgo de quedarse allí con los muertos. ¿Pero quienes eran? A pesar de verlos de reojo porque estaban de espaldas, sabía que allí estaban su papa y su hermano junto a sus abuelos y tíos. Algo la hizo girar a mano derecha y allí, sentada entre las piedras vio a la santa muerte fumándose un tabaco. “Ella me dijo: mijo, si se porta bien le doy diez años más de vida, y si se porta muy bien le doy más”. Chanel le pregunto por su mama y la santa respondió, “ella tiene 10 años de vida, pero tiene que cambiar muchas cosas”. Acto seguido le agradeció, dio la vuelta y salió. Esa fue la primera vez que vio a la santa muerte.

PAREDES BLANCAS

Por Capitalismo Budista

No hay muchos que los recuerden. No hay muchos que puedan decir que los conocieron. Algunos habrán oído de ellos. Tal vez aún exista un blog, un vídeo, un audio o un artículo en internet que hable de ellos. Lo único cierto es que quienes lo vivieron lo recordaran como un momento especial en que el arte, la vida social y las ganas de hacer cosas permitieron a un grupo de jóvenes artistas construir espacios donde ser libres y creativos sin cortapisas.

Si hoy visitaras todos los espacios de arte independiente de Bogotá y volvieras a ellos diez años después, tal vez descubrirías que la escena artística ha dejado decenas de fantasmas rondando en los recuerdos de las pocas personas que alguna vez los visitaron. Artistas rechazados por grandes galerías que buscaron refugio en pequeños locales que se llenaban en una exposición de una noche. Espacios artísticos financiados a punta de vender cerveza y talleres. Lugares que dejaron su recuerdo regado entre fanzines y publicaciones independientes, las mismas que circularon entre exposiciones, ferias y conciertos que terminaban mucho antes de la media noche.

Paredes blancas que mutaban de piel cada viernes, historias que se sucedieron entre una y otra exposición protagonizadas por una red de rostros que iban y venían entre cervezas, comics y fanzines, con la única disculpa de hacer vida social y camaradería al son de la música de un computador cubierto de calcomanías. Arte flotando en el ambiente. La antesala perfecta para la rumba que vendría después.

He perdido memoria de cuándo y cómo conocí ese pequeño cuarto ubicado al fondo de un garaje, en el primer piso de un edificio de la calle 20 con 5.  Allí, junto a unas escaleras que conducían al segundo piso, la placa que asomaba tímidamente encima de una puerta pintada y graffiteada por detrás hasta decir basta rezaba simplemente, 101. Una estación de paso entre la vida nocturna y el arte.

Y así como se dormía el guayabo de la rumba, también se vivía el arte de un modo muy natural, como cuando llegaba un colega artista a saludar, y luego de una charla donde ambos se actualizaban de noticias, el visitante se quedaba mirando el espacio como si este le hablara, entonces preguntaba: ¿puedo exponer aquí? Y la respuesta era aún más simple: ¡hágale!

En realidad no había mayor pretensión en todo aquello, ni siquiera se trataba de un colectivo, solo una idea de amigos. Todo se hacía con el tiempo de cada uno y de mutuo acuerdo.

Así de fácil era exponer en el 101. Sin curadurías ni procesos de selección. Solo las ganas de hacer cosas. De la misma manera que Andrés Frix e Inu Waters creaban fanzines a finales de los 90 con infinidad de artistas desconocidos, aquel cuarto de la calle 20 era como un fanzine vivo que mutaba todo el tiempo. Murales e ilustraciones ocultos bajo capas y capas de pintura blanca que se sucedían entre una y otra exposición 2 veces al mes. Un público captado a punta de Facebook y el voz a voz que convertía el garaje de aquel edificio en una extensión no oficial de Espacio 101.

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Cartel de la primera sede de Espacio 101. Foto cortesía de Andrés Bustamante.

EL APARTAMENTO 101 (2009-2010)

Andrés Frix Bustamante: “… Fuimos a ferias del libro con Frix Cara de Perro y ahí conocimos a Isabel, que trabajaba con Constanza, quien es la matrona del fanzine acá (Bogotá); nos unimos y Chava (Isabel) me dijo que quería sacar un espacio para trabajar, entonces sacamos un espacio entre los dos…”

Isabel Bela Corredor (Chava): “Era enero de 2009 y mi amiga Ángela se iba para Argentina, dejando un aparta-estudio en el centro de Bogotá, yo quería un estudio para trabajar en mis diseños, pero este aparta-estudio con placas 101 era muy grande para mí, tenía conocimiento de un amigo artista (Andrés Frix) que buscaba un taller para trabajar también, así que decidimos compartir este lugar…”

Andrés: “… En ese taller que era chiquito, un pelao nos pidió el favor de hacer una tesis, Camilo Donneys, hicimos la tesis (Algo es algo, agosto de 2009) y nos dimos cuenta que podíamos seguir con lo que habíamos hecho en Cara de Perro. Podíamos seguir haciéndolo así fuera en un espacio de tres por tres… pero era más de amigos, un parche de invitar a Juan Pablo (Nieto) a hacer una expo (Radio waves in my soul, septiembre de 2009), Lili Bonil (Me duele. Party game over, diciembre de 2009), luego a Jim Pluk (Visitaciones, octubre de 2010 – Sara y Alaska, agosto de 2010), luego a Malchico (Muestra Malchico Nebulosa, marzo de 2010)… pero era más como: ¿quiere montar? Monte, lo que quiera, era más como un parche de reunirse con todos. No había como una investigación definida, aunque si estaba la investigación de los fanzines…”

Isabel: “… un día fuimos visitados por un amigo que estaba perdiendo la cabeza por no poder terminar su tesis… entre charla y charla, viendo nuestro taller, le llego la solución de su tesis, que fue expuesta satisfactoriamente y con muy buenas críticas. Muchos amigos vinieron a ver su tesis y así se dio inicio a Espacio 101 (Camilo Donneys, Algo es algo, agosto de 2009)… sin ninguna pretensión, solo con la idea de promocionar artistas emergentes. Con el pasar del tiempo se fue conociendo más… era un lugar en el fondo de un garaje donde se hacían exposiciones continuas, que eran patrocinadas por nuestro bolsillo… algo dejaba la venta de cerveza… eran exposiciones algo ilegales pues la dueña del edificio no estaba tan enterada de la movida… nuestros medios de difusión fueron Facebook, que día a día ganaba nuevos integrantes interesados en mostrar su arte, así fuimos conociendo personas diferentes y uno que otro cartel que se pegaba en la calle. Y claro, el boca a boca…”

Viviana Cárdenas (Mugrosa Filatenience): “…fui al espacio chiquitico y me pareció increíble… yo decía: ¡ah, yo quiero tener un espacio así!, ¿pero como lo harán?, ¿cómo se hará eso?…”

Inu Waters (Javier Posada): “… El trato que teníamos con ellos era que yo me podía encargar del diseño gráfico y de los flyers, del blog, pero en ese caso creo que si éramos muy desordenados. A veces no podía con eso. Yo trabajo haciendo diseño y no podía estar todos los días allá. Me la montaban por eso, porque no iba a las exposiciones, pero es que no podía y yo vivo en la mierda. Me daba locha salir de mi casa…”

Isabel: “… nunca tuvimos tareas específicas yo me encargaba de hacer millones de clic para invitar a gente a las exposiciones, de vender cerveza y tomar una que otra foto para nuestro registro. Andrés se encargaba de contactar artistas y todo el montaje de la exposición. Así transcurrieron 3 años, de los cuales casi todos mis viernes estaban ocupados y donde sagradamente parte de mi sueldo como diseñadora gráfica era para pagar el arriendo del taller y las exposiciones de Espacio 101. Nunca dejamos en un documento estipulado la participación económica y laboral de los integrantes, no vimos como algo sin interés iba creciendo y tomando otra cara…”

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Entrada al garaje donde estuvo ubicada la primera sede de Espacio 101. Foto cortesía de Andrés Bustamante

VIDA SOCIAL

Andrés: “… Esos dos años que estuvimos ahí (Espacio Cientouno) fue más vida social, fue más abrir la puerta del taller de nosotros para que vengan y conozcan lo que hacemos, pero también para que la pasemos del putas… entonces mucha gente se reunía para tomar cerveza y después irse a fiestas, otros si les interesaba lo que hacíamos. Era más una cosa de abrir las puertas para que todos vayan a pasarla bien. Obviamente cada uno se centraba en sus cosas, se exponían cosas, era eso, exposiciones de cosas…”

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Interior del espacio. Foto cortesía de Andrés Bustamante

CHUNGUISMO

Andrés: “… el dibujo que nos interesa tiene sus matices contestatarios de crítica a ciertos cánones, si se quiere estéticos, que se avalan socialmente. Entonces el fanzine tiene esa idea. Lo mismo ese cuento de autogestión y poder seguir desde la periferia, no depender de un medio artístico para poder ser artista, o no estar en exposiciones de curadurías importantes para poder decir soy artista. En el fanzine todo está ligado, hay un cierto feísmo, o chunguismo que le decimos nosotros, en la imagen… ser personas no idealizadas, que viven en lo real, y en lo real hay un país, burdo, feo, pero interesante. Somos una cultura tercermundista, con cinco culturas en la cabeza. Somos periferia, somos feos pero encantadores. No queremos llegar a lo estético, a lo bello que occidentalmente nos han vendido… estamos en una búsqueda de otro tipo de cosas. Todos los fanzines, todas las pinturas, todos los videos, las animaciones que mostramos tienen esos matices…”

CINCO GATOS Y EL PRODUCTO ARTISTA

Andrés: “… ella (Isabel) quería hacer como una cosa de diseño para poder mover lo que hacían varios artistas y crea los Cinco Gatos; Inu entra a hacer parte de Cinco Gatos poniendo plata y haciendo parte del colectivo… una cosa era amigos haciendo gestión y otra cosa ya es un colectivo que se reúne y dice: tú vas a hacer esto… Ella era la matrona de ese colectivo, decía: tú hazme el diseño para tal día, pero todo enfocado desde lo comercial; íbamos a ferias del libro… luego llego Cristian, y con Cristian empezamos a trabajar también en Cinco Gatos. Era el quinto gato…”

Inu: “Cuando hacíamos eso, la idea era que fuera de nosotros. Como Cinco Gatos es Frix, Inu, Bela y Glifo, que era Cristian… la idea era vender productos personalizados y eso ayudo resto… nosotros con lo de MAR Y la feria de 2005 y 2006 ya nos conocían, en esa época hubo muchos eventos de arte urbano, pero eran bien underground, en garajes… pero en esa movida uno se hace un nombre. Entonces ya lo conocían a uno, conocían el fanzine, conocían que Andrés (Frix) tenía MAR, que yo hacía Don Ramones… y cuando llego lo de Cinco Gatos era aprovechar ese nombre y nos fue bien, pudimos 3 años. Creo que nos faltó vender más la vaina…”

Andrés: “Lo que hacíamos con Cinco Gatos era chévere, cuando era producto artista. No se volvió chévere cuando ya la empresa demanda cierto tipo de imágenes que no me interesaban para nada. Que le repitan a uno un diseño 80 veces por que la carita no está feliz es horrible. En cambio publicar lo de uno… lo que queremos ahorita es retomar esa parte y publicar cosas pero, no con el ánimo de que se vendan en todas las librerías… porque siempre va a ganar las tetas, el carro, la guitarra, la carita feliz y el muñequito tierno”.

“… a mí no me interesa trabajar para una editorial, a mí no me interesa hacer una página web. A mí me interesa hacer mis cosas, y mis diseños no son vendibles… entonces fue ruptura como de: pero has cosas más bonitas, más felices y yo decía: no, no me interesa… entonces empezaron los roces; Inu también se rayó porque no le entraba la plata que él pensaba que iba a entrar y decía: estamos trabajando mucho para poco. Entonces decidimos dejar el proyecto. El primero que se salió fui yo, después salió Inu, y Chava (Isabel) siguió trabajando con Cristian, pero terminaron (su relación) y se acabó ese proyecto…”

LA MACARENA (2010)

Cuando te acostumbras demasiado a un sitio en el que te sientes a gusto, perderlo te desubica; tal vez eso me sucedió una vez Andrés, Isabel y compañía se mudaron. Y fue justo cuando creí que todo se había acabado, que las exposiciones continuaron en un pequeño espacio en el barrio La Macarena. El nuevo lugar estaba ubicado en la calle 26 b con carrera 4. Era un aparta-estudio en un primer piso ligeramente más grande que el anterior, pero con un hall que permitía la realización de exposiciones. Nuevamente la vida social y el arte sin pretensiones se daban cita en una empinada calle del oriente bogotano.

Viviana: “… encontraron espacio en La Macarena y ahí estuvo el taller un tiempo y se hicieron un par de exposiciones. Solamente eran Andrés (Frix) e Isabel… y Cristian…”

Andrés: “… Cuando entregamos, porque nos sacaron del espacio chiquito por las rumbas, las fiestas… ella (la dueña del edificio) no entendía lo que hacíamos… una exposición la pintaron de negro y pensaban que era un bar satánico… Con Viviana (Cárdenas) y con Chava (Isabel) hicimos papeles y sacamos otro espacio en La Macarena, mucho más limpio… con la misma idea… y ahí duramos casi medio año trabajando, casi el año… pero la lógica era la misma…”

EL CENTRO COMERCIAL LOS ANGELES (2010-2012)

Una vez en la universidad, un martes en la mañana tomando gaseosa en un hueco entre clases, un par de amigas presas del aburrimiento me sugirieron: ¡vamos a Nutabes a bailar!

Hoy una propuesta de esas sonaría irresponsable, pero en aquellos días eran común la romería diaria de estudiantes universitarios en aquel concurrido bar, ubicado en un centro comercial de la calle 19 entre carreras 4 y 5, actualmente llamado Los Ángeles. Un lugar lleno de historias de rumba pesada, drogas, escandalo y muerte, que luego de años de letargo resucito lentamente como refugio de salas de teatro y galerías de arte.

El lugar adecuado para que allí se asentara el combo del Cientouno. En ese momento era un edificio poblado de librerías, salas de teatro, cafés, salas de tatuaje, tiendas de ropa, peluquerías, zapaterías, misceláneas y canchas de mini futbol. No era el lugar donde esperas encontrar una exposición de arte, pero extrañamente su estética atrajo la atención de Andrés. La única diferencia con La Macarena era que ya no tenías que caminar una pendiente para llegar a la exposición, ahora debías subir entre rampas y escaleras hasta el 4 piso. 

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El 4 piso del Centro Comercial Los Ángeles. A la izquierda, el espacio donde se instalo Espacio 101 en compañía de Gustavo Garcia, luego de salir de La Macarena. Foto vía Snebtor https://www.flickr.com/photos/snebtorlife/
  1. EL ANTIGUO NUTABES (2010)

Gustavo García (El  Taller-Teatro de Garaje): “…Andrés Bustamante pasó la convocatoria de la ASAB a las escuelas de formación artística locales. Le toco la escuela de la localidad de Santafé. Ahí trabajaba mi pareja, Sirley Martínez (actriz). Fuimos a una exposición. Estábamos inaugurando un espacio independiente (donde ahora queda el galpón de Umbral Teatro). Le propusimos hacer algo en conjunto, y él nos planteó una primera exposición que se llamó Geniales y Encantadores (colectiva, marzo de 2010). Era un espacio muy alto porque era un bar (y todavía en una situación rústica), cosa que le gustaba mucho a Andrés porque el llevaba ese tipo de estética. Fuimos varios artistas los que expusimos, yo me metí en esa colada. El espacio no le funciono mucho para hacer más exposiciones consecutivas…”

Viviana: “… al principio era un espacio que no era la bodega cerrada sino uno de vidrio. Yo dije: pero ese lugar es raro, no tiene tantas paredes, es como un acuario, ¿Qué es eso?… Andrés (Frix) me dijo: no, lo que pasa es que cambió de lugar, ya no tiene ese local sino tiene el de enfrente, entonces vamos y hagamos la exposición allá.”

Gustavo: “Ahí duramos 6 meses y nos cambiamos a otro espacio (la bodega), que parecía más un bunker. Cuando le mostramos el espacio a Andrés, se animó más. Él estaba con Isabel, tenía el cuento de Espacio 101. Yo simpatizo mucho con ese tipo de ideas independientes y emancipadas. Empezamos a arrendarles el espacio para hacer eventos. Y empezaron a funcionar muy bien…”

  1. LA BODEGA DE ENFRENTE (2010-2012)

Andrés: “… Gustavo García trabajaba en El Taller y tenía una bodega grande… la idea fue hablar con él para que nos alquilara la bodega unos días y pudiéramos sustentar los conciertos y lo que no podíamos hacer arriba…”

Isabel: “… era más costoso para nosotros y nos era difícil pagar 2 alquileres, y la contribución que los artistas daban era solo para la pintura pero nos entusiasmaba mucho el hecho que daba una mejor presentación a los artistas, ahora ya realizábamos más explosiones colectivas, uno que otro concierto, era más el trabajo pero más satisfactorio…”

Gustavo: “… veníamos de un trabajo arduo de 6 meses que era desconsolador porque hacíamos eventos, nos preparábamos todo un día, nos quemábamos y llegaban 5 personas. Eran jornadas de pintar de semanas. Eran cosas a las que no estábamos acostumbrados y no veíamos la retribución de la sociedad ante ese tipo de iniciativas, que eran totalmente independientes…”

Viviana: “… El lugar es increíble, es la bodega grandísima con el techo que se ve como sin acabar, tiene una cosa pesada… no es la típica cosa de cubo blanco… hay que dialogar con ese espacio. Las cosas que se muestran ahí tienen que dialogar con ese espacio y eso es bonito. Entonces organizamos ahí la primera exposición y yo ayude…”

Gustavo: “…Ya cuando pasamos al bunker vimos todo lo contrario. Abrimos con una exposición con Andrés y se llenó totalmente. De ahí en adelante los eventos que empezaron a suceder, sucedían de otra forma, y fueron por el voz a voz fortaleciéndose. Fue un espacio que duro 5 años (El Taller-Teatro de Garaje) sin ningún patrocinio, sino a partir de sus propias dinámicas…”

Viviana: “… Seguimos ahí pero hacíamos las cosas entre los dos, aunque se supone que Cristian, Isabel e Inu también… pero igual ellos no tenían tanto tiempo, porque Isabel trabajaba, en cambio yo no hacía nada. Lo único que hacía era esto, estar enfocada en esto y producir lo que hago. Yo no tenía ninguna otra ocupación además de Andrés (Frix), que lo único que hace es producir obra… es docente…”

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Fachada de la bodega donde tuvo su última sede Espacio 101. Foto vía Snebtor https://www.flickr.com/photos/snebtorlife/

LA PLATA DE IDARTES (finales de 2011 y 2012)

Isabel: “… el distrito quería apoyar espacios independientes de arte, eso sonaba muy bien y nosotros teníamos una muy buena e interesante trayectoria, así que aplicamos para una convocatoria que ganamos, fueron 7.000.000 millones para patrocinar nuevas exposiciones, de los cuales no tuve idea de cómo fueron invertidos, yo cambie de trabajo por uno que exigía más de mi tiempo y me quedaba aún más alejado del centro, ir a las exposiciones, me quedaba más difícil, ya no tenía que dar parte de mis sueldo para el arriendo, pero así mismo mi participación dejo de ser indispensable para Andrés, me fui alejando y tan solo cruzamos uno que otro correo en donde mostraba mi insatisfacción de como de la noche a la mañana yo ya no hacia parte de espacio 101…”

Andrés: “… IDARTES nos contactó para hacer proyectos, inclusive nos dio mucha plata para hacerlos. Plata que se fue en un arriendo, porque estábamos tan mal estructurados que lo único que hacíamos era vender cerveza para pagar una bodega y hacer exposiciones… cuando entra toda la plata, lo único que vemos es que tenemos que pagar toda la bodega al año para poderle cumplir a IDARTES. Pagamos toda la bodega y nos quedamos sin un peso. Una millonada para poder tener una exposición un día, fue un error fatal por no estar estructurados…”

Viviana: “… finalmente salió una convocatoria; aplicamos a eso y nos la ganamos en diciembre… ¿en el 2011?… así era más fácil mantener todos los proyectos, no tenía que salir del bolsillo de Andrés (Frix) sino que ya se financiaban con esa beca. Con esa beca seguimos trabajando, hicimos una programación más estable. Empezamos a planear con una agenda de meses, porque antes Andrés (Frix) lo hacía de un momento a otro, sin planeación ni nada… planeamos todo el año 2012 y lo hicimos en la bodega de la 19. Y para mantener el espacio lo hacíamos con Gustavo… entre los dos (Andrés y Viviana) lo teníamos y el (Gustavo) seguía con sus cosas de teatro… “

Inu: “… yo empecé a trabajar con un man que estaba haciendo una animación y tenía jornadas de trabajo diarias… ya no podía estar todos los días con ellos. Después tuvieron un problema, no sé por qué… creo que fue por plata, por un premio, pero yo no sé qué paso ahí… entonces a mí me dio pereza estar ahí en la mitad de esa mierda, porque cada uno me daba su versión. Y tampoco me iban a poner ahí de chismoso ni nada. Entonces yo también me abrí por eso… se acabó el parche…”

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Interior de la bodega donde Espacio 101 tuvo su última sede. Foto cortesia de Andrés Bustamente.

LA RUPTURA (2012)

Cuando algo comienza, muy dentro sabemos que algún día tendrá su fin, no sabemos cuándo ni cómo, pero lo tenemos presente; la cuestión es que casi nunca queremos pensar en eso.

Cinco Gatos había terminado, pero el Cientouno seguía a pesar de los cambios. Quizás Isabel también los quería, no lo sé, pero el momento de hacerlo llegó a finales de 2012. El agotamiento producto del arduo trabajo por sostener los eventos en la recién adquirida bodega llevó a Isabel a tomar su decisión.

Andrés: “…fue raro porque primero fue lo de Cinco Gatos, entonces dijimos: ya no seguimos trabajando pero somos muy amigos. Ella seguía colaborando con el proyecto; ella era la que iba y vendía la cerveza, cogía la plata, era muy chévere todo eso. Nos apoyaba, era el motor… cuando cada uno tiene un interés, empiezan a chocar. A mí ya no me interesa el diseño, ella se quiere casar… entonces empezamos cada uno por su lado… tuvimos una charla muy maluca en una expo, me dijo: yo el proyecto lo estoy tomando más como apoyándote, no tengo muchos intereses con esto, me gusta más moverme por otro lado, tú te quieres mover por otro. Fue como una ruptura de novios toda extraña y dijo: yo dejo el proyecto…“

Gustavo: “…Lo que yo alcance a percibir fue una transición en especial con los intereses que ellos tenían como grupo. Algunos integrantes salieron, otros llegaron. Entonces pienso que en esas crisis es donde sucede realmente lo creativo. Toman un nuevo norte Mugrosa (Viviana Cárdenas) y Frix, y ese ensamble produce algo nuevo que estaba alejado de la línea que ellos llevaban, y produce otro tipo de intereses y otro tipo de experiencias y de dinámicas que no se acomodaban a lo que se venía haciendo, en parte precisamente por el tipo de reacción en las exposiciones. Era algo totalmente altruista. Admire mucho a Andrés por eso. Se mataban toda una noche y les quedaba para pagar el arriendo del espacio e irse de farra y ya. No le ganaban a eso absolutamente nada.”

Tengo en mi mente una de las últimas exposiciones que se hicieron en ese diminuto espacio de paredes blancas de la calle 20, era el año 2010. Un trabajo conjunto de ilustración entre Leo Espinosa y Jim Pluk para el cual realizamos una entrevista en video con Andrés Frix. No era algo muy planeado, solo las ganas de hacer algo interesante que se prolongó unos meses.

Cuando veo los videos de las exposiciones, pienso en todas las historias que quedaron atrás. Fanzines y fotos como rezago de momentos de crisis en los que la creatividad exploto dejando un legado reconocible para unos pocos. Experiencias a medio camino entre la nostalgia y el olvido.

Me despedí de Isabel un domingo de enero de 2013 en la calle 19 con 7. Al día siguiente partía rumbo a Columbus, Ohio (Estado Unidos). Una nueva vida la esperaba.

La época de las ferias, las exposiciones, los conciertos y las fiestas había pasado, solo quedaban buenos recuerdos de un tiempo en el que el arte, la vida social y la camaradería habían confluido en medio de la estrechez, la creatividad y las ganas de querer hacer cosas. Ella solo pensaba en el matrimonio que la esperaba. Y yo, en todo lo que aún me queda por contar.

NIEVES GRISES

(Este texto lo escribí en el año 2004 como un trabajo para la clase de periodismo literario, cuando estudiaba en la universidad. 12 años después quiero compartirlo como un recuerdo de mis paseos por el centro de Bogotá y mis comienzos en la crónica.)

Por Capitalismo Budista

Alrededor de las diez de la mañana, uno a uno como cumpliendo con una tarea habitual y avanzando pesadamente, los comerciantes que pueblan la plaza de Las Nieves sacan uno tras otro sus escobas llevados por el hechizo de un cielo que se oscurece a medida que avanza la mañana; sin mediar palabra barren todo el lugar como pagando viejas deudas de esas que en tiempos de la colonia se le cumplían a nuestra señora de Las Nieves (considerada milagrosa en aquellos tiempos) por los favores recibidos; pero actualmente a la virgen ya no se le pagan deudas y mucho menos se le rezan rosarios, por que en un país donde la realidad supera la ficción el único milagro en el que es posible creer es en la vida; hoy la deidad ya no tiene devotos por que se encuentran mas ocupados pagando sus deudas con lo terrenal.

Pero la plaza esta pagando su propia deuda desde hace noventa años. Desde que se reemplazo por la estatua del sabio Caldas por allá en 1910, con motivo del centenario de la independencia, las escobas de los vendedores que habitan este lugar pasaron a ocuparse del aseo de la plaza. Las Nieves más que perder una pila, se quedo sin un símbolo que acompaño al barrio durante casi dos siglos y medio. Fuente que un principio fue erigida por orden del cura párroco en 1665, según él para abastecer a las panaderías del sector, de las cuales La Florida es el único recuerdo de ese pasado de pan francés y chocolate que alguna vez reinara en todo el barrio. Es como si hubiera sido castigada con la desaparición de todas sus panaderías y cafés que en otro tiempo al calor de una bebida alegraban las tardes bogotanas.

Pero la soledad que en otros tiempos acompañó a la pila ha sido reemplazada por la compañía que un viejo indigente le hace al sabio Caldas, tal vez platicando en sueños sobre astronomía, cuando este arma su improvisada cama a los pies de la estatua. Pero no es el único que le hace compañía al gran Científico, unos hombres de overol verde oliva  y casco amarillo conversan animadamente mientras la profunda mirada de Caldas los observa con atención, tal vez pensando en alguna disertación callejera. La que en otros tiempos se llamó Plaza de Caldas, ya no conserva ni rastros de su nombre original; en la “plaza de las yerbas”, como se le llamó en tiempos de Gonzalo Jiménez de Quezada, las únicas “yerbas” que se consiguen son las que venden los expendedores de droga que circulan por la séptima.

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Sin embargo el nombre de Caldas no es el único que se ha quedado en la plaza; en el extremo opuesto a la iglesia, sobre la calle octava y en un edificio junto a un parqueadero, hay un muro gris encima de un segundo piso de fachada azul donde aún puede leerse un nombre: “José Di Ruggero”, nombre que ya es parte del decorado del lugar. No contaron con igual suerte las viejas casas vecinas que gracias al abandono terminaron por darle paso al parqueadero que conserva rastros de las cicatrices que dejaron en las paredes de los edificios aledaños, las viejas casonas de otros tiempos dentro de las cuales se hacia gran parte de la vida santafereña.

Tal vez el único recuerdo de esa vieja Bogotá, además de la iglesia, lo constituye el viejo Hotel Las Nieves, en el cual tuvo lugar hace años una cinematográfica historia colombiana de un detective que investigaba el asesinato de una joven, este “Soplo de vida” recuerda los tiempos en que solo bastaba caminar unas cuadras hasta el “Teatro Olimpia” para disfrutar unos momentos de historias en blanco y negro que desataban sentimientos multicolores en una ciudad que no conocía los prismas de la vida.

Pero hoy pueden verse una multitud de colores a lo largo de la plaza y toda la carrera séptima que contrastan con el gris de los edificios y el blanco frío del clima bogotano. El gris juega con el negro en los overoles que usan la mayoría de los vendedores ambulantes que permanecen allí casi toda la semana acompañados de las cenicientas palomas que no ven con mucho agrado el hecho de estar tan cerca de un ser humano, y que sin embargo hacen de tripas corazón cuando ven una mano dispuesta a lanzarles unos granos de comida. Una de esas manos lleva un vistoso abrigo color beige que las palomas parecen esperar diariamente cuando divisan su cabello largo y canoso; la anciana mujer se acerca a un niño que ha estado jugando con dichos animales y le deposita en la mano unas migajas, le hace ademán de que las lance y el pequeño mira a su madre buscando aprobación, cuando la obtiene lanza con fuerza los granos a la manada que ya se estaba dispersando, la cual regresa al lado del pequeño en busca de alimento.

Pero estas no son las únicas reuniones que pueden verse en este lugar, dos de los tres árboles que están distribuidos por toda la plaza, acogen las sillas de los emboladores que con su amarillo desgastado brindan una leve alegría a este espacio. Las conversaciones entre cliente y embolador resucitan ese aire de tertulia que se perdió con los cafés de antaño, con la diferencia de que mientras al aroma de una taza se discutía de literatura o filosofía, aquí el olor del betún se conjuga con el periódico diario para discutir sobre asuntos que no se aprenden en los libros. Pero cualquier lugar de la plaza es bueno para conversar unos minutos con los amigos, pero parece que aquí la magia de la conversación callejera solo tocara a los hombres, por que las pocas mujeres que se ven allí, permanecen en sus locales o puestos de venta callejera observando si aquel hombre que se detiene a mirar la mercancía les va a comprar algo; otras, las que cruzan esporádicamente por el lugar lanzan una mirada sutil a toda la plaza y siguen de largo. La magia de la conversación en las mujeres no es callejera sino que busca espacios cerrados donde la intimidad femenina se sienta a gusto.

Y es que ese comadreo al que estaban acostumbradas las abuelas se murió cuando el lugar dejó de ser plaza de mercado dominical, el único espacio que rompía la cotidianidad pueblerina de la vieja Santa Fe; desde que en 1922 se demolió la vieja iglesia que alguna vez por allá en el siglo XVII fue edificada con aportes y donaciones de los entonces devotos a la virgen, la cotidianidad del “barrio del pueblo” se vio interrumpida con el progresivo ensanchamiento de la ciudad y el desorden demográfico y urbanístico que trajo la violencia y la guerra civil. Guerra provocada por un conflicto político que hoy ha dejado su huella en los grafitis con mensajes revolucionarios y políticos, pintados en las paredes y rejas de los locales comerciales de la plaza. Y es que ese desorden ha pasado a convertirse en un caos bien organizado donde el mercado persa que puebla la séptima ha pasado a ser parte de la cultura bogotana actual.

Una cultura conectada con el mundo, donde una larga fila de teléfonos públicos en el costado de la plaza al lado de la empresa de teléfonos, nos recuerda que en el siglo XXI el mundo esta al alcance de la mano. Tan a la mano que cruzando la plaza hacia el costado sur se puede entrar a un restaurante chino donde el propietario tiene  un rostro que asemeja un campesino boyacense; hasta se podrían comunicar con las estrellas si las antenas que están regadas por toda la fachada del edificio no fueran solo para televisión.

Entre los locales que hacen parte del nuevo mercado que pasa por Las Nieves está un “Saborín”, local donde un letrero vistoso que dice todo a $400 le da la solución a los rugidos estomacales de un buen número de transeúntes y habitantes de la plaza. Sobre la calle octava, un local que se ubica a la salida del parqueadero, ofrece en su barra café tipo exportación, como rememorando los cafés tertuliaderos o haciéndole copia a los locales de café colombiano que ya se extienden por New York y todo USA. Pero si se prefiere probar pasabocas más santos, puede dirigirse a la iglesia y visitar su “cafetería particular” donde el rey no es el vino de consagrar ni las obleas, sino que un generoso chorizo le recuerda al comensal aquello de comed de mi carne.

Esta plaza reúne una gama de comerciantes que como en el éxodo se trasladan de un sitio a otro apropiándose de cada espacio como si fuera su lugar de nacimiento, en una plaza donde la vida y el cambio se conjugan. Desde un vendedor de chontaduros, uno de dulces hasta llegar a los vendedores de revistas o lotería, entre otros roles, conforman junto a mendigos y ladrones una población flotante que le ha dado un ambiente más dinámico a la plaza de Las Nieves donde la vida se hace en la calle y no en las casas.

Casas de las que solo quedan unas pocas ruinas con sus contornos trazados en las paredes de los parqueaderos, en una localidad donde la costumbre de caminar no se ha perdido a pesar de la infinidad de automóviles que circulan por el centro, en la que en medio del ruido y la multiplicidad de voces, aún pueden oírse las lánguidas campanadas de la iglesia de Las Nieves que a las once y media de la mañana como rompiendo el hechizo que las escobas conjuraron a las diez, trae la basura de una ciudad gris con sentimientos multicolores que todos los días los vendedores  de overol intentan en vano limpiar de un pasado que se quiere olvidar.